El anciano labrador
Un anciano labrador tenia un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo se escapó a las montañas. Los vecinos del anciano se acercaban para condolerse y lamentar su desgracia, el anciano les respondió: ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?
Una semana después, el caballo volvió con una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?
Cuando el hijo del labrador intento domar uno de aquellos caballos salvajes, cayo y se rompió una pierna. Todo el mundo considero esto como una desgracia. El labrador se encogió de hombros y dijo: ¿Mala suerte? ¿Buena Suerte? ¿Quién sabe?
Unas semanas mas tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo.
La mayor parte de los jóvenes fueron a la guerra y murieron en la contienda, pero el hijo del viejo sabio vivió muchos años, así pues: ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quien sabe?
Cuando parezca que el mundo se está derrumbando a tu alrededor y no puedas encontrarle ningún sentido, entiende que no conoces toda la verdad y recuerda las palabras del viejo sabio: ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quien sabe?
Los dos monjes
Dos monjes Zen iban caminando por el campo cuando llegaron a un arroyo convertido en torrente debido a las fuertes lluvias primaverales.
Allí encontraron a una atractiva joven esperando en la orilla, con el agua a la cintura, desolada, incapaz de cruzar el río embarrado por la lluvia.
La corriente era muy fuerte, pero uno de los monjes se acercó a la mujer y se ofreció a llevarla. La cargó sobre sus hombros y la pasó al otro lado atravesando peligrosamente la corriente. El otro monje hacía gestos de desaprobación constantemente.
Después los dos monjes continuaron sus camino…
Bien entrado el día el segundo monje seguía enojado, caminando delante sin dirigirle la palabra al otro.
— ¿Se puede saber qué te pasa? –le preguntó éste
— ¡Qué me pasa! ¡Qué me pasa! ¡que has transgredido un grave precepto! –contestó el monje-. Has cogido a una mujer en brazos, ¡una mujer guapa y joven! Su cuerpo y el tuyo unidos estrechamente en medio del torrente…
El otro monje le contestó:
Deves de estar cansado de cargar con esa mujer todo este tiempo. Yo la he dejado al otro lado del rio, pero tu todavía la llevas contigo.
El miedo y el león
En una ocasión, un león se aproximó a un lago de aguas cristalinas para calmar su sed.
Al acercarse al agua, vio su rostro reflejado en ella y penso: “¡Vaya!, este lago debe ser de este león, tengo que tener mucho cuidado con él”. Atemorizado se retiró.
Pero, tenía tanta sed que regresó al lago y allí estaba otra vez el “otro león”.¿Qué podía hacer? La sed lo asfixiaba y no había otro lago cercano. Víctima del miedo retrocedió de nuevo.
Horas después volvió a intentarlo, se acercó a las aguas y abrió las fauces de forma amenazadora, pero comprobó que el “otro león” hacía lo mismo. Sintió terror y salió corriendo nuevamente.
¡Era tanta la sed! que lo intentó varias veces más, pero siempre huía espantado.
Pasaban las horas y la sed era cada vez más intensa, de modo que tomó firmemente la decisión de beber agua del lago sucediese lo que sucediese. Así que armado de valor… se acercó al lago, metió la cabeza en las aguas con decisión y el “otro león” desapareció!.
Muchos de nuestros temores son imaginarios. Solo cuando nos enfrentamos a ellos desaparecen. Se paciente, hazles frente y no dejes que tus miedos imaginarios condicionen y limiten tu vida.
El Contrabandista
Todos sabían que era indiscutiblemente un contrabandista. Era incluso célebre como traficante. Pero nadie había logrado jamás descubrirlo y mucho menos demostrarlo. Con frecuencia, cruzaba de la India a Pakistán a lomos de su burro, y los guardias, aun sospechandolo no lograban obtener ninguna prueba de ello.
Transcurrieron los años y el contrabandista, ya entrado en edad, se retiró a vivir apaciblemente a un pueblo lejano. Un día, uno de los guardias, ya retirado, se lo encontró y le dijo:
-Yo he dejado de ser guardia y tú de ser contrabandista. Por favor, dime ¿qué era lo que traficabas?
Y el hombre repuso:
-Burros.
Así es el ser humano… muchas veces no reparamos en lo más evidente. Cegados por nuestros apegos y aversiones no nos percatamos de la realidad más manifiesta y cercana.
El mendigo
En una calle muy concurrida, un mendigo se sentaba en la acera y a su lado colocaba una placa que decía:
NO TENGO DONDE VIVIR! SOY UN POBRE HOMBRE FRACASADO Y MALTRATADO POR LA VIDA!
NO CONSIGO UN MISERO EMPLEO QUE ME DE ALGUN INGRESO!
NO SOY NADA, NADIE ME QUIERE, NADIE ME AYUDA
Las cosas le iban mal en peor, hasta que cierta noche, encontró un libro tirado en la calle, lo abrió y leyó un párrafo que decía:
“TODO LO QUE UD. HABLA DE SI MISMO SE REFUERZA EN SU SUBSCONSCIENTE.
VEA SU VIDA CON ALEGRÍA, DÍGASE LO BIEN QUE VA TODO.
POR MAS POBRE QUE SEA, DÍGASE A SI MISMO QUE ES PROSPERO.”
Aquello le tocó profundamente y, como nada tenía que perder, decidió cambiar el texto de la placa, que ahora decía:
“VEAN LO FELIZ QUE SOY! SOY UN HOMBRE PROSPERO, SE QUE SOY ATRACTIVO, TENGO UNA BUENA RESIDENCIA, VIVO CONFORTABLEMENTE, TENGO ÉXITO y SALUD EN ABUNDANCIA”
Algunas personas que pasaban lo miraban intrigadas, otros lo veían como un loco y otros hasta le daban dinero.
Todos los días, antes de dormir, el mendigo contaba su dinero y notaba que cada vez la cantidad era mayor.
En una bella mañana, un importante y elegante ejecutivo, que ya lo venia observando desde hacía un tiempo, se le aproximó y le dijo:
– “Ud. Es muy creativo! ¿le gustaría colaborar en una campaña para mi empresa”?
– “Adelante, respondió el mendigo. No tengo nada que perder”.
Después de darse un buen baño y con ropas nuevas, fue llevado a la empresa.
De ahí en adelante su vida fue una secuencia de éxitos y después de un cierto tiempo terminó convirtiéndose en uno de los socios mayoritarios.
En una entrevista colectiva dada a la prensa, esclareció como consiguió salir de la mendicidad y llegar a tan alta posición.
– “Bien, -explicó: Tan solo tuve que entender el poder de las palabras y crer en ellas
El Universo siempre apoyará todo lo que decimos, escribimos o pensamos respecto de nosotros mismos y eso acabará manifestándose en nuestra vida real.
En cuanto afirmamos que todo va mal, que nuestra apariencia es horrible, que nadie nos quiere, que nuestros bienes materiales son ínfimos, la tendencia es que las cosas empeoren cada día un poco más.
Nuestras afirmaciones y crencias van materializandose en nuestra vida, así que recuerda: no menosprecies el poder de las palabras y háblate como te mereces.